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Veneno contra ‘rojos’ y proletarios

Aguilera Munro [alias Capitán Veneno] plasmó así ante el periodista John T. Whitaker su celebérrima teoría sobre las alcantarillas:
“¿Sabes cuál es el problema de España? —me solía preguntar—, ¡El alcantarillado moderno! En tiempos más saludables… me refiero a tiempos espiritualmente más saludables, ¿entiendes? La peste y las enfermedades mantenían a raya a las masas españolas. Las mantenían en proporciones adecuadas, ¿comprendes? Ahora, con la eliminación moderna de residuos y demás, se multiplican demasiado rápido. Son como animales, ¿entiendes? Y no puedes esperar a que no se infecten con el virus del bolchevismo. Después de todo, las ratas y los piojos propagan la peste. Ahora espero que entiendas lo que queremos decir cuando hablamos de la regeneración de España”.
Y cómo juzgar benévolamente estas palabras si, como indica el citado Foltz, después de soltar el speech de las alcantarillas, que él también recogió en sus memorias, un inglés de partió de risa en su cara —seguramente con lucidez— y fue expulsado inmediatamente del país. Era “un rojo peligroso”, le dijo Aguilera al resto días después. Tal vez por eso Foltz juzgó que el capitán “hablaba completamente en serio”. […]
Luego Whitaker escribió que Aguilera le daba al brandy para aclararse la garganta. El periodista no sabía si esta aspereza en las cuerdas vocales se debía a las aspiraciones de nuestro idioma, seguramente las temibles jotas, o a la calidad del tabaco que se fumaba aquí, pero lo que parece un hecho es que con voz de cazalla le soltó otra jeremiada que, de nuevo, encajaba perfectamente en el contexto de lo que estaba sucediendo:
“Nuestro programa, ¿entiendes?, es exterminar a un tercio de la población masculina de España. Eso limpiará el país y nos librará del proletariado. Es una medida económicamente acertada, ¿entiendes? Nunca más habrá desempleo en España”.
Para rematar con un punto de vista que hoy sería muy aplaudido entre youtubers incels y línea dura similar:
“Haremos otros cambios. Por ejemplo, terminaremos con esta tontería de la igualdad para las mujeres. Yo crío caballos y animales en general, ¿entiendes? Sé todo sobre las mujeres. Se acabará este disparate de someter a un caballero a un juicio. Si una mujer le es infiel, la matará como a un perro”.
La cuestión es que, dijo este periodista, este tipo de opiniones las escuchó centenares de veces en boca de oficiales y militares franquistas. La diferencia quizá estribaba en que Aguilera sabía darle un matiz intelectual o culto a las burradas. Esta última, por ejemplo, la de la igualdad entre los sexos, a su juicio no era más que una degeneración que se estaba experimentando en todo el continente europeo que se estaba empezando a purificar en España:
“La gente en Gran Bretaña y América está empezando a volverse comunista, igual que los franceses —solía decir Aguilera—. Pero esto viene de mucho antes que Baldwin y Roosevelt. Todo empieza con los enciclopedistas en Francia. ¡La era de la Razón! Las masas no están hechas para pensar. Luego, sigue con la escuela liberal de Manchester en Inglaterra. Ellos son los criminales que crearon el capitalismo. Deberían limpiar sus propias casas. Si no lo hacen, los españoles nos uniremos a los alemanes y a los italianos para conquistarlos a todos”. […]
Las declaraciones que situaron a Aguilera en la prensa internacional se produjeron tras una entrevista que le dio a Knickerbocker el 10 de mayo de 1937 en el Washington Times, donde contestaba con el seudónimo de Capitán Sánchez. El titular de la pieza llevaba el nombre del disco de debut de Metallica, Kill’Em All. Ese era “el evangelio de un aristócrata fascista que lucha por derrotar a los radicales en España”. La presentación del personaje cumplía con el estereotipo del hidalgo español: “Desprecia a tres cuartas partes de la nobleza española e incluso a los reyes recientes, a quienes considera gentuza advenediza. Es propietario de tierras, aunque pobre. Vive en uno de los castillos más antiguos de España. El orgullo es su principal patrimonio.” La primera respuesta aclaraba que la guerra no era de clases, sino de razas. Seguía abundando en su teoría del alcantarillado, pero personalizando en el presidente de la República:
“El ejemplo de Azaña es un caso típico. Podría haber muerto de parálisis infantil, pero fue salvado por esas malditas alcantarillas. Tenemos que acabar con las alcantarillas”.
Daba la impresión de que la entrevista se calentaba y las respuestas iban subiendo aún más de tono:
“Lo que usted se niega absolutamente a entender es que esta guerra en España es solo un sector del enorme conflicto internacional de la civilización contra las fuerzas del mal. Los rojos están organizados clandestinamente en todo el mundo. Lo que usted no logra comprender es que cualquier demócrata estúpido, así llamado, se presta ciegamente a los fines de la revolución roja”.
Luego lamentaba las victoria de Roosevelt en las elecciones de noviembre del 36:
“Todos ustedes, los demócratas, no son más que sirvientes del bolchevismo. Hitler es el único que conoce a un rojo cuando lo ve”.
Estaba triste porque Franco se había ablandado, ya que había emitido una orden para fusilar solo a prisioneros de guerra seleccionados, y no a todos como antes. Según Aguilera, eso les podría hacer perder la guerra. En su opinión, con los prisioneros solo cabía una orden:
“Sacadlos y fusilados”.
Exponía sus políticas en educación:
“Debemos destruir esta camada de escuelas rojas que la llamada república instaló para enseñar a los esclavos a rebelarse. Es suficiente que las masas sepan leer lo justo para entender las órdenes. Debemos restaurar la autoridad de la Iglesia. Los esclavos necesitan aprender a comportarse”.
Y anticipaba el destino del enemigo si ganaba su bando:
“Vamos a fusilar a 50.000 en Madrid. Y no importa dónde intenten escapar Azaña y Largo Caballero y toda esa pandilla, los atraparemos y mataremos a cada uno, aunque nos lleve años rastrearlos por todo el mundo”.
La columna acababa con un anuncio contra el mal aliento.
Según Luis Arias, esta joya de entrevista fue una de las causas de su declive profesional y “a partir de ese momento, se cuidaría muy mucho de no volver a soltar —al menos ante grandes audiencias— ese tipo de perlas”.
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Extractos publicados con el permiso del autor.
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Puedes ver aquí la entrevista realizada por Pere Rusiñol a Álvaro Corazón Rural durante la presentación del libro:

➡️ ENTREVISTA COMPLETA
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