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Texto: Michel Matly
A cada uno sus fobias. La mía es ver, en el telediario español o francés de la noche, a esas mujeres en segundo plano detrás del líder de un partido de extrema derecha, asintiendo con la cabeza al ritmo de sus argumentos para aprobarlos. Puedo entender que líderes femeninas como Sanae Takaichi en Japón, Giorgia Meloni en Italia, Alice Weidel en Alemania, Lidewij de Vos en los Países Bajos o Marine Le Pen en Francia difundan ideas retrógradas sobre la condición femenina, por ambición, demagogia y oportunismo. También puedo entender que nosotros, los hombres, defendamos nuestros privilegios ilegítimos de ser arrogantes, acosadores y violentos. Pero: ¿qué pintan esas mujeres anónimas apoyando a partidos que pretenden mantenerlas en la sumisión y privarlas de sus derechos?
Basta de pensamientos sombríos, vamos a hacer un poco de compras. En la tienda de la página web del colectivo femenino Némésis se encuentra el cartel publicitario de una compañía aérea imaginaria, Air Bled, especializada en devolver a magrebíes, africanos y personas de Oriente Medio fuera de Francia; otro especial de fiestas que insta a Papá Noel a "remigrar a esos violadores"; una taza con el lema "Violadores extranjeros, fuera"; y una camiseta con un elegante "Pues claro, capullo, estás en mi casa" junto a la imagen de un moro barbudo amenazado con una espada.
Confieso sentirme tentado por esta camiseta vendida por Némésis (también existe el modelo para hombre). Para un nómada cuya "casa" es el lugar que ha elegido y no aquel donde nació por azar, sería perfecto. Incluso podría usarla contra los madrileños (al menos los barbudos) que cada fin de semana llegan a mi pueblo por decenas de miles.
En la tienda de la página web femenina Les Caryatides, compartida con la del movimiento Les Nationalistes, se encuentran pegatinas con, una vez más, la escuadrilla de aviones devolviendo a los inmigrantes a sus tierras de origen: 10 euros por 100 unidades, una buena oferta.
La iconografía del avión y de la expulsión de inmigrantes, asimilados a delincuentes y violadores, se ha convertido en un clásico. En 2023, "remigración" fue declarada palabra del año en Alemania; en EE. UU. prefieren el término "deportación", más difícil de utilizar en Europa por su pasado nazi. Son palabras de moda y la moda se inspira en ellas: en Internet se encuentra así una multitud de camisetas propuestas por la extrema derecha, como la de la foto del artículo, procedente del país germánico.
Organizaciones femeninas
Como reacción a las transformaciones sociales, estas dos últimas décadas han sido testigo del reciente auge de colectivos y movimientos femeninos (la mayoría nacidos en los años 2010 y 2020) que instrumentalizan el feminismo para promover ideas de extrema derecha: "femonacionalismo" (término propuesto en 2010 por la socióloga italiana Sara Rita Farris), que fomenta el racismo y el nativismo, rechazo de las teorías de género, hostilidad hacia todo lo relacionado con el colectivo LGTB+ y retorno al patriarcado tradicional. Aunque algunas de estas estructuras son ramas de movimientos masculinos de extrema derecha, e incluso en España están teorizadas y dirigidas por hombres, la tendencia actual es la creación de organizaciones femeninas pseudo o antifeministas. Ya era hora, en la gran tradición de la servidumbre voluntaria, de que las mujeres asumieran por sí mismas la dirección de organizaciones destinadas a privarlas de sus derechos.
Francia - Bélgica - Suiza
El colectivo Némésis, "la isla donde pueden refugiarse las náufragas del feminismo", nació en 2019 en Francia y luego se implantó en la Suiza francófona y en Bélgica, por iniciativa de un grupo de mujeres "cansadas de escuchar las falacias de los llamados movimientos feministas que supuestamente las representan, prefiriendo estos imponer una ideología izquierdista en detrimento de las mujeres". Según su manifiesto, el colectivo decidió "apropiarse de la lucha para defender a las mujeres occidentales, denunciar todas las violencias contra las mujeres tanto en su vida cotidiana como en el trabajo o en la calle, denunciar el impacto peligroso de la inmigración masiva sobre las mujeres occidentales para que este tema se convierta en un debate público, y promover la civilización europea no como reductora de la mujer a objeto, sino como cuna de su desarrollo".
A diferencia de Némésis, que afirma reivindicarlo, el movimiento Les Caryatides, nacido en 2013, se opone al feminismo, cuyo "corsé ideológico debe ser denunciado sin reservas, al igual que el espíritu utilitarista que empuja a nuestro campo a apropiarse de sus restos". Su enfoque se basa en "la lógica de un nuevo orden y en la revitalización del papel tradicional de la mujer en la sociedad a través de la maternidad, la educación, la entrega, el hogar, la familia, la parroquia y el pueblo". Sus miembros quieren "ser guardianas de la vida, madres dulces y amorosas, compañeras fieles y valientes, hijas puras y alegres, mujeres del deber, del sacrificio y del heroísmo, las Cariátides, apoyo espiritual y carnal del edificio nacional". Defienden el "patriarcado blanco: el que protege a los suyos, asume sus responsabilidades, construye con razón y sin dispersarse, y castiga a quienes atacan a los suyos. Sin padre no hay hogar donde dar vida ni defensa para los más vulnerables".
Alemania
Procedente de la organización 120 Dezibel del Movimiento Identitario Alemán, Lukreta es un grupo femenino de extrema derecha fundado en 2019 que adopta una retórica völkisch (populista y étnica) y natalista, y expresa hostilidad hacia inmigrantes y musulmanes. Al igual que Némésis, su principal eje de propaganda es la instrumentalización racista de las violencias sexuales: afirma conmemorar a las víctimas de feminicidio, pero solo cuando los sospechosos son hombres no blancos. Moviliza así la temática de la "islamización" de Alemania, de una supuesta "violencia sexual importada" y de la "remigración", temas también centrales para el partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD).
Lukreta se reivindica como "verdadero feminismo", mientras defiende una concepción tradicional y heteronormativa de la feminidad, se opone a la interrupción voluntaria del embarazo y convierte la hostilidad hacia los derechos LGBT —y en particular la transfobia— en uno de sus principales ejes de movilización.
Reino Unido
Aunque no es un grupo declarado de extrema derecha, Sex Matters, fundada en 2021, es representativa de las ambigüedades deliberadas entre feminismo y conservadurismo. Utiliza el feminismo y el género para promover ideologías reaccionarias y forma parte de una red de microorganizaciones femeninas con nombres atractivos —Fair Play for Women, LGB Alliance, Legal Feminist, Women's Rights Network, The Lesbian Project— que, bajo la apariencia de feminismo y defensa de minorías homosexuales, atacan las teorías de género y especialmente la transexualidad. Su discurso es a menudo utilizado por movimientos reaccionarios o tradicionalistas en sus disputas culturales relacionadas con el género. En el mundo anglosajón también destacan los círculos tradwives, que promueven roles tradicionales de la mujer y blanquean visiones extremadamente conservadoras cercanas a movimientos de extrema derecha.
España
Nacido en Madrid, el movimiento antigénero, antiaborto y anti-LGBTQ+ Hazte Oír (2001) y su derivado CitizenGO (2013) afirman de manera poco creíble contar con cerca de 20 millones de simpatizantes (19.846.053, para ser exactos) y una presencia igualmente cuestionable en una quincena de países europeos. Sus dirigentes son exclusivamente hombres, pero CitizenGO utiliza una heroína digital, Teresa, para difundir sus tesis.
La defensa de la familia es uno de los ejes principales de Revuelta, un movimiento nacionalista español radical fundado en 2023 cuyo portavoz es una mujer, Elsa Almeda. Revuelta se opone al woke, a la inmigración y al multiculturalismo, y vincula la "supervivencia de las mujeres españolas" a la lucha contra la inmigración percibida como amenaza demográfica y cultural, una lógica similar a la de grupos como Némésis en Francia o Lukreta en Alemania. Cabe mencionar también Deport Them Now, un micromovimiento xenófobo antiinmigración nacido en 2025 que llevó a cabo un intento de pogromo organizado en Torre-Pacheco (Murcia).
Estados Unidos
Aunque ninguna organización femenina estadounidense se reivindica abiertamente de extrema derecha, algunas, como Moms for Liberty (2021), mantienen vínculos más o menos encubiertos con grupos identitarios radicales y violentos como los Proud Boys. También destaca el Independent Women's Forum, fundado en 1992 y hoy presente en Europa, especialmente en España y Francia. El IWF, financiado por fundaciones conservadoras y millonarios cercanos a la Administración Trump, se presenta como feminista en la medida en que lucha contra el techo de cristal y promueve la presencia de mujeres en altos cargos empresariales o administrativos. Sin embargo, sus posiciones sobre cuestiones de género, su indulgencia ante la violencia sexista y su rechazo de la educación y la sanidad públicas hacen que sea considerado una organización pseudo o antifeminista.
Otros países
En Polonia puede citarse el Instituto Ordo Iuris, lobby ultraconservador creado en 2013 que se dirige especialmente a mujeres católicas, defiende la familia tradicional y se opone al derecho al aborto; en Rusia, Mothers of Russia (2012), nacionalista y pronatalista, crítica con el feminismo occidental (no confundir con la Unión de Comités de Madres de Soldados de Rusia, considerada agente extranjero desde 2023); en Hungría, Women for Family, rama del partido Fidesz de Viktor Orbán. En Rusia y Hungría, el feminismo "selectivo" (identitario) está respaldado por el Estado y las Iglesias (ortodoxa y católica), institucionalizado e integrado en la política social.
Violencia de género
Entre las tesis desarrolladas por los grupos femeninos de extrema derecha, se puede tomar como ejemplo significativo la violencia de género y los feminicidios, sobre los que cabría suponer que las mujeres emitirían un juicio consensuado, independiente de su sensibilidad política. Sorprendentemente, esto está lejos de ser el caso: las organizaciones femeninas de extrema derecha (al igual que sus homólogos masculinos) critican las medidas que distinguen explícitamente a las mujeres como víctimas y anteponen sobre todo sus motivaciones ideológicas: defensa de los valores tradicionales, nacionales o religiosos. Estos grupos femeninos consideran que las leyes contra la violencia hacia las mujeres son una máscara para promover la ideología de género y la decadencia cultural, o manipulan el discurso sobre el feminicidio para impulsar su propia agenda política o identitaria.
A modo de breve recordatorio, proporcionalmente a la población, hay aproximadamente el doble de feminicidios en Francia que en España, cinco veces más en EE. UU. según el FBI (una cifra de la que ni la Administración estadounidense ni la National Rifle Association parecen enorgullecerse) y siete veces más en Rusia. Admitiremos que estas cifras son aproximadas, que la definición de feminicidio y las fuentes varían, y que las estadísticas de las instituciones internacionales rozan la mala fe (por ejemplo, asociando más de una vez en una categoría "América del Norte" los datos de EE. UU. y Canadá, país donde la posesión de armas está fuertemente controlada), el orden de magnitud se mantiene.
En materia de violencia hacia las mujeres, para las organizaciones femeninas de extrema derecha, la evidencia de los hechos queda muy por detrás de la ideología. En Francia, Alemania y España, se hace hincapié en el nacionalismo y la identidad cultural; en Rusia, Hungría o Polonia, en la religión, el patriarcado y la tradición; y en EE. UU., en la libertad individual y la crítica al Estado.
Para Némesis, las leyes sobre feminismo y la protección específica de las mujeres favorecen "a las minorías o a los extranjeros" en lugar de a las mujeres francesas. El hombre violento o agresor solo lo es si proviene de la inmigración. Lukreta coincide con esta visión, considerando que la violencia sexual es un fenómeno esencialmente importado, fruto de la islamización de Alemania. Cuando Sex Matters pone el foco en la violencia contra las mujeres, su condena se centra curiosamente en la perpetrada por transexuales británicos. Vox y Revuelta consideran que la ley sobre la violencia de género crea una discriminación basada en el sexo, que favorece artificialmente a las mujeres, y prefieren un enfoque "universal" de la violencia que exime a los hombres de toda responsabilidad particular.
Para las mujeres húngaras de Women for Family, la protección específica de las mujeres perjudica a la familia y a la natalidad. Para Mother of Russia u Ordo Iuris en Polonia, las leyes de protección femenina se consideran importadas de occidente, contrarias a los valores tradicionales y favorables a un feminismo radical. En EE. UU., IWF considera que las leyes específicas para mujeres fomentan una intervención estatal excesiva y desresponsabilizan al individuo.
Las organizaciones de extrema derecha forman un conjunto coherente con valores claros, a menudo centrados en la nación, la religión o la tradición, y juegan con el sentimiento de seguridad (frente a la inmigración, el declive cultural o la delincuencia) y de comunidad. Ofrecen una visión simplificada del mundo: bien/mal, nosotros/ellos, tradición/mentira, y valoran los roles de género tradicionales —madre, esposa, guardiana de la familia y de la cultura—, lo que otorga a las mujeres un sentimiento de prestigio o legitimidad dentro de la sociedad y de estos movimientos.
No es algo nuevo: durante las dictaduras europeas, las "ligas femeninas" históricas, como las del nazismo, el régimen de Vichy o el franquismo, apoyaban activamente sistemas que, sin embargo, les arrebataban derechos como el acceso al trabajo o el divorcio.
Las ideas de estos grupos o de las mujeres vinculadas a la extrema derecha buscan valorizar la maternidad como deber patriótico o identitario y el matrimonio tradicional, frente a las relaciones extramatrimoniales, el divorcio o la sexualidad no reproductiva, tesis que en España ya promovía la Sección Femenina.
La defensa de un modelo hombre-mujer "complementario" implica que la valorización social de los roles femeninos tradicionales conlleva una limitación de los derechos sexuales y sociales de la mujer. Esta debe desempeñar un papel de protectora de la nación y de la identidad cultural, y el discurso sobre los derechos de las mujeres se instrumentaliza para justificar una ideología nacionalista: crítica de la violencia contra las mujeres en ciertas culturas inmigrantes, uso del feminismo contra el "otro" percibido como amenaza para la cultura occidental.
En los últimos años, cada vez más mujeres ocupan puestos simbólicos o estratégicos en partidos de extrema derecha —jefas de Gobierno, presidentas de partido, diputadas, figuras mediáticas—. Sirven como modelos que muestran que la extrema derecha también puede "feminizarse" y que las mujeres pueden desempeñar un papel relevante, lo que les proporciona un sentimiento de poder político o social siempre que acepten los límites ideológicos conservadores.
Sería en vano buscar en el Discurso sobre la servidumbre voluntaria de Étienne de La Boétie (1530-1563), ese monumento insuperable de reflexión política, referencias a la condición de las mujeres, que el autor ignora y considera una cantidad despreciable. Sin embargo, su influencia en el pensamiento feminista contemporáneo es real y se ejerce principalmente a través de la reapropiación de su análisis sobre los mecanismos de dominación íntima y social. Varias intelectuales feministas han movilizado directamente su obra para pensar la emancipación de las mujeres, como Simone de Beauvoir, Séverine Auffret y Geneviève Fraisse en Francia, o Françoise Collin en Bélgica.
Feminizar los comentarios de La Boétie pone de relieve que la dominación masculina es un sistema que se sostiene gracias a la cooperación de las oprimidas, y que la libertad no se otorga por decreto ni solo mediante la reducción de la dominación económica, sino a través de un cambio mental y de la deserción voluntaria de la sumisión. "Es cierto que al principio se sirve por fuerza y se está vencido; pero las sucesoras sirven sin resentimiento y hacen voluntariamente lo que sus predecesoras habían hecho por obligación. Las mujeres nacidas bajo el yugo, luego alimentadas y educadas en la servidumbre, sin mirar más allá, se conforman con vivir como han nacido y no creen tener otros bienes ni otros derechos que los que han encontrado; toman por su estado natural el estado de su nacimiento".
El compromiso femenino con la extrema derecha ilustra así una forma estratégica de servidumbre voluntaria, en la que se acepta una subordinación de género a cambio de una superioridad racial, social o de seguridad identitaria, prefiriendo la inmanencia tranquilizadora del hogar y de la nación a la arriesgada conquista de una libertad universal. La mujer soñada por las feministas, aquella descrita en 1975 por Hélène Cixous en La sonrisa de la medusa, la mujer solar, segura de sí misma, dueña de su cuerpo y su sexualidad, liberada de siglos de opresión masculina, no es más que un ideal, una utopía, simplemente porque nosotros, hombres y mujeres, tenemos nuestros límites. El hombre no posee el privilegio de la inteligencia, pero a pesar de todos sus esfuerzos, tampoco tiene el monopolio de la estupidez.
Cuando Quino hace que Mafalda hable del hombre, hay que entender que esta heroína absoluta del cómic no se refiere al género masculino sino a la especie humana. Al igual que el párrafo de La Boétie, se puede feminizar el comentario de Mafalda: "Dicen que la mujer es un animal de costumbres; más bien, por costumbre, la mujer es un animal." Si la versión original provoca una sonrisa, su versión feminizada, aunque legítima, provoca sin embargo una mueca, la misma mueca que provocan esas mujeres de extrema derecha moviendo la cabeza al ritmo detrás de su líder.
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