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Los Breves del Reality News

Rocky y el compositor
La situación de Pedro Sánchez es ciertamente muy precaria y en los recalentados pasillos del poder tradicional madrileño no solo se discute sobre cuándo será la rendición, en forma de adelanto electoral, sino también sobre cuál de los múltiples sumarios que le rodean acabará conduciéndole como investigado hacia el Tribunal Supremo y quién sabe si hacia algún espacio más lúgubre.
Y sin embargo, los momentos más extremos son también los más propicios para que los líderes emerjan con todo su potencial y le den la vuelta a una situación que todo el mundo daba ya por perdida aprovechando algún flanco mal cubierto o algún error del adversario, como por ejemplo pasarse de frenada.
En plena promoción de su nuevo libro, el exjefe de Gabinete de Sánchez Iván Redondo ha ideado la metáfora de Rocky Balboa a punto de caer derrotado por K.O., ya mordiendo el polvo en la lona, pero capaz de reaccionar, levantarse y luchar hasta el final con posibilidades reales de ganar tras el arranque de una nueva melodía… ¿que el propio Redondo se ofrece a componer?
¿Izquierda 'wakista'?
Si los buenos inversores saben que toda crisis esconde también grandes oportunidades, ¿por qué no habría que aplicar el mismo patrón también a la política? Ya sea Rocky a punto de morder el polvo o el antagonista global de Trump asediado por las fuerzas del Mal o el líder progresista cercado por oscuros movimientos de lawfare, lo cierto es que no faltan ingredientes para construir un relato épico capaz de convertir la crisis en ganancias.
El fallo europeo sobre la Ley de Amnistía puede ser uno de esos twists que tanto anhelan los guionistas, pero el momento narrativo ideal para construir un escenario creíble de remontada son los Presupuestos. Y sin embargo, todo el mundo da por hecho que van a presentarse únicamente como un mero movimiento táctico, sin la ambición de que puedan ser aprobados, y en el mismo modo parecen situarse todos los actores de lo que un día fue la mayoría de investidura. Sería un suicidio colectivo, a la altura de los Davidianos Adventistas del Séptimo Día en Wako, Texas. ¿Tanto debate woke para acabar en Wako?
¿Alguien se atreve a hacer mayonesa?
Entre abordar la negociación de los Presupuestos cada uno con su calculadora, dejando las mitocondrias exhaustas en la absurda tarea de buscar justificaciones para no ponerse de acuerdo y presentarse con las manos vacías en los respectivos territorios, o, por el contrario, dirigir los esfuerzos a cerrar un acuerdo que ofrezca no solo mejoras tangibles para hoy sino también un horizonte creíble en que el triunfo de PP-Vox deje de percibirse como inexorable, media una distancia sideral, como la que va de quedarse resignadamente mordiendo el polvo en la lona o levantarse cuando empieza a sonar la música.
Esta segunda hipótesis permitiría además esbozar alguna propuesta común relacionada con el lawfare, quizá el único común denominador que toca a todos los integrantes de una coalición tan extensa, y por definición incompatible entre sí, que incluye simultáneamente a Junts, que hace frontera con la extrema derecha de Aliança Catalana, y a Podemos, que parece instalado en el marco del clase contra clase.
Tras la caída de Santos Cerdán y ZP, ¿queda alguien que se atreva a intentar hacer mayonesa?
La guerra civil era esto
La ofensiva judicial que cerca a Pedro Sánchez por tierra, mar y aire ha alimentado las visiones que comparan el momento político actual con el golpe del 36, obviamente en sentido metafórico: sin armas ni muertos, contra el Gobierno del Frente Popular y la guerra civil que desencadenó, en la que los amotinados buscaban no ya cambiar el Gobierno sino erradicar de raíz la anti-España.
Los paralelismos históricos los carga el diablo, pero los que asumen este marco deberían fijar su atención no solo en la ofensiva "nacional" sino también en la tremebunda respuesta republicana, desde el negacionismo del Gobierno ante la magnitud del golpe ("Si los militares se han levantado, yo me voy a acostar", Casares Quiroga dixit); la guerra civil, en sentido literal, dentro del campo republicano entre los revolucionarios del clase contra clase y los pragmáticos de primero ganar la guerra; las maniobras de la vieja guardia del PSOE, que llegó a pensar que era más fácil pactar con Franco que con su correligionario Negrín; las de nacionalistas vascos y catalanes explorando pactos ad hoc para obtener ventajas de la miseria del momento, etc. Para qué seguir: encuentre las diferencias y haga sus apuestas.
Las lecciones de Casado
Poner el foco en el derrumbe del campo republicano, y no solo en las atrocidades y maldad de los golpistas, puede ser útil para que los ejercicios de paralelismos históricos no se queden solo en la propaganda, sino que permitan extraer algunas lecciones también para el presente.
En este sentido, merece la pena leer con los ojos puestos en el momento político actual el reciente e imprescindible Cómo terminó la guerra civil española (Crítica), del catedrático de la Complutense Gutmaro Gómez Bravo, sobre todo por si en el PSOE surgieran candidatos con deseos de emular a Julián Besteiro y al general Segismundo Casado para intentar poner fin al "esfuerzo inútil", obviamente con las formas más pacíficas de hogaño y no con los métodos militares de antaño.
A partir de documentos de inteligencia inéditos hasta ahora, el libro desnuda el patetismo de una empresa en realidad quimérica que buscaba sin ninguna posibilidad un pacto de mínimos con su antagonista envalentonado, que se sentía ya ganador y portador de una misión histórica que iba más allá de un cambio de Gobierno al proponerse extirpar las raíces de la anti-España para varias generaciones. Capisci?
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