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Libertad de expresión frente al matonismo ultra
Un acto en el Ateneo de Madrid se planta ante el acoso de la ‘fachosfera’ .

POR DEMIS ROSSAS*
El acoso estuvo representado por algunas de sus víctimas, la libertad de expresión por todos los que estaban allí y, como era de esperar, la autocensura no tuvo representación. Vivimos en una democracia y debería poder decirse sin miedo lo que se piensa. Pero una cosa es decir sin miedo lo que se piensa y otra muy distinta decir lo que se piensa y provocar miedo. Y eso es justo lo que hacen la derecha, la ultraderecha y sus bocazas en nombre de la libertad de expresión. Ejemplo de esta obscena declinación del término libertad de expresión es el discurso de fulleros como Quiles, Negre o Ndongo; las bravuconadas de caudillos de medio pelo como Abascal o Feijóo, las idioteces de esbirros de saldo como Tellado, Álvarez de Toledo, Ayuso o Esther Gómez; las trolas tóxicas de Nacho Abad, Iker Jiménez, Ana Rosa, Eduardo Inda o Jiménez Losantos y las macarradas maceradas en güisqui de Miguel Ángel Rodríguez, quien parece que va pa’lante.
Hay, pues, un lado luminoso y un lado oscuro en la comunicación. Pero el oscuro no cabía en un espacio de libertad, intelectualidad y espíritu crítico como el Ateneo. Ese lado vive en las cloacas. O en el Congreso. Porque, incomprensiblemente, la provocación barata está acreditada por su Dirección de Comunicación frente a la unánime desaprobación de los y las profesionales de la información. Presentó el acto la periodista Cristina Valera, quien afirmó: “Hemos pasado de la libertad de expresión, basada en el respeto, a la dictadura del algoritmo, que permite llevar a las redes el odio muchas veces sin firma”. “Cada día tenemos que ver cómo se les trata con normalidad y cómo ciertos partidos les defiende diciendo que les ampara la libertad de expresión.
Es un tipo de acoso que no vimos venir”, denunció José Carmona, periodista de Público y moderador del acto. Intervino en primer lugar Montse Mínguez, diputada y portavoz del PSOE, que anunció que su partido iba a impulsar una proposición no de ley “para apoyar el derecho a la libertad de información y de opinión y el desarrollo de un trabajo profesional periodístico libre y sin censura”.
Hoy esa proposición no de ley está aprobada, se trabaja en una iniciativa legislativa para combatir el acoso a periodistas y comunicadores. La portavoz socialista se preguntó “por qué los tecno-oligarcas se llevan las manos a la cabeza cuando se quiere proteger a los menores de las redes sociales y qué tipo de negocio es el que quieren hacer con esos menores y con sus datos” para terminar reconociendo: “Se pueden poner vallas al campo y en eso es en lo que estamos”. Jesús Maraña, director editorial de InfoLibre, señaló que “cualquier actuación lleva implícita una regulación” y que “cuando se habla de regular salen los guerreros de la libertad de expresión”.
Y se preguntaba: “¿Qué tiene que ver esta regulación con la libertad de expresión si quienes están atacando el derecho a una información veraz son ellos?”. El director de la Fundación Contexto y Acción, Miguel Mora, de salida espetó: “Vivimos en un ecosistema mediático putrefacto y nuestra peor competencia es la que hacen los gobiernos del PP financiando a pseudomedios, que no hacen periodismo serio. Y que solo por tener audiencias millonarias gracias a publicar recetas o poner enlaces a páginas porno reciben subvenciones de gobiernos básicamente del PP”. Fernando Moraño, cómico y guionista del programa Hora Veintipico, que dejó de emitirse por las amenazas que recibieron, arrancó diciendo que “los violentos, además de violentos, suelen ser insistentes”. “Los nazis fueron transversales. Acosaron a Héctor, a José Cabrera, a Marina Lobo y a mí. Es más, José sufrió también violencia por parte de la policía cuando fue a denunciar a sus acosadores”.
Moraño remató diciendo que “la violencia de la extrema derecha está financiada por los principales partidos políticos de este país y por clubes de fútbol”. Después intervino José Rubio, creador de contenido en Código Nuevo, para recordar que “el fango no se produce solo, sino que alguien lo fabrica, alguien lo distribuye y alguien saca beneficio”. Como casi todo en el capitalismo pero con más odio y peor ortografía, añado yo.
“La máquina del fango está organizada para sacar rédito del odio e impulsar al poder a aquellos que los financian. Pero hay una diferencia entre ellos y nosotras. Ellos compiten por las visitas, ellos compiten por la financiación, y nosotras estamos juntas contra la desinformación. Y no vamos a permitir que todo se enfangue”, concluyó. María González, historiadora y profesora, aportó un matiz importante, que siempre viene bien cuando el debate público parece organizado por gente que distingue entre bueno y malo con la delicadeza de un martillo neumático: “Las redes pueden ser una mierda, pero también dignifican y democratizan muchos testimonios, porque no todo el mundo ha podido tener la oportunidad de dar información. Por eso las redes sociales son buenas también”. Darío Adanti, ilustrador y coeditor de la revista Mongolia, dejó claro que detrás de estas campañas de odio y acoso hay dinero, tecnología, plataformas, mercenarios y una legitimación progresiva del fanatismo.
“Existe una secta neorreaccionaria en Silicon Valley que no va a permitir que Occidente no se arrodille ante ellos, a la que todos los valores de la democracia liberal no les son rentables y que financia a mercenarios que atacan el pensamiento La diputada Montse Mínguez, los periodistas Jesús Maraña de Infolibre y Miguel Mora de Ctxt y Acción Contra el Odio y el mongol Darío Adanti. La periodista y creadora de contenido Elena Reinés, el creador de contenidos René Soto y la analista política Sarah Santaolalla. Fernando Moraño y José Rubio. La historiadora y profesora María González.

El periodista y moderador del evento José Carmona. Héctor de Miguel, Quequé, que intervino telemáticamente. progresista. Y esto hay que pararlo desde las instituciones y con leyes que limiten el acceso a redes y a Internet a los menores”, clamó. La analista política Sarah Santaolalla, que esa misma tarde tuvo que abandonar un programa de Cuatro por el acoso de José Antonio Naranjo, dijo que en ciertos platós se protege más la armonía que la verdad. “Yo —dijo— he guardado mucho respeto siempre por mis compañeros, incluso por aquellos a los que tengo poco respeto moral, pero sí he tenido el respeto de la mesa, que a veces desde las teles o desde este gremio hacemos, y que creo que es un error, porque no hay que proteger a la mala gente”. La periodista y creadora de contenido Elena Reinés intervino para recordar que el odio no es cosa de Internet: “Tenemos una idea de lo que es el odio en las redes como si fueran cosas de redes y hay que cambiar la percepción de lo que son las redes a un espacio público.
Es la misma violencia que si alguien por la calle te dice que te va a partir la cara”. Y remató como se rematan estas cuestiones: “Si quieren que te calles, hablar es una forma de legítima defensa. Y si rabian, pues que sigan rabiando”. El creador de contenido René Soto aportó otro punto de vista: “La violencia que reciben los hombres que creamos contenido en redes sociales es distinta y, además, nos han enseñado que tenemos que aguantar, pero no quiero aguantar, porque a veces tienes la sensación de que es una guerra de ti contra todos ellos”. René hizo hincapié en la idea de lo que llaman, sin serlo, “batalla cultural”. Una batalla que no empezó en el bando progresista.
“No sé cómo la llaman batalla cultural, como si fueran dos modelos culturales de sociedad. Es la batalla de los que defendemos los derechos humanos contra los que no los defienden. La batalla de los que defendemos la libertad contra los que no la defienden. Y el problema es que ellos tienen dinero, tienen recursos y tienen partidos políticos que les inflan”. Y, a grandes rasgos, esto fue lo que se dijo en un acto sobre la libertad de expresión donde lo menos gracioso fue el relato de todo lo que está sucediendo y que obliga a defenderla. Algo que al cómico Fernando Moraño “no le hace ni puta gracia”.
“Señor tecno-oligarca: o explica usted cómo funciona este algoritmo y respeta la pluralidad y el juego democrático o se le suspende la actividad como sucedió en Brasil o en Australia” JESÚS MARAÑA Director editorial de InfoLibre
“¿Cómo es posible que se normalice que ciertos políticos, ciertas políticas y ciertos partidos amenacen a periodistas para hacerlos callar? Cada vez que se apaga una voz progresista, perdemos todos y todas las demócratas”. SARAH SANTAOLALLA Analista política
“¿Por qué la Fiscalía –cuándo serás mía– no actúa de oficio y hay que esperar a que el agredido o agredida denuncie? ¿Se está tomando el Gobierno tan en serio este nuevo terrorismo como se tomó el terrorismo de ETA?”. QUEQUÉ Cómico
* Guionista felizmente jubilado.
El acoso estuvo representado por algunas de sus víctimas, la libertad de expresión por todos los que estaban allí y, como era de esperar, la autocensura no tuvo representación. Vivimos en una democracia y debería poder decirse sin miedo lo que se piensa. Pero una cosa es decir sin miedo lo que se piensa y otra muy distinta decir lo que se piensa y provocar miedo. Y eso es justo lo que hacen la derecha, la ultraderecha y sus bocazas en nombre de la libertad de expresión. Ejemplo de esta obscena declinación del término libertad de expresión es el discurso de fulleros como Quiles, Negre o Ndongo; las bravuconadas de caudillos de medio pelo como Abascal o Feijóo, las idioteces de esbirros de saldo como Tellado, Álvarez de Toledo, Ayuso o Esther Gómez; las trolas tóxicas de Nacho Abad, Iker Jiménez, Ana Rosa, Eduardo Inda o Jiménez Losantos y las macarradas maceradas en güisqui de Miguel Ángel Rodríguez, quien parece que va pa’lante.
Hay, pues, un lado luminoso y un lado oscuro en la comunicación. Pero el oscuro no cabía en un espacio de libertad, intelectualidad y espíritu crítico como el Ateneo. Ese lado vive en las cloacas. O en el Congreso. Porque, incomprensiblemente, la provocación barata está acreditada por su Dirección de Comunicación frente a la unánime desaprobación de los y las profesionales de la información. Presentó el acto la periodista Cristina Valera, quien afirmó: “Hemos pasado de la libertad de expresión, basada en el respeto, a la dictadura del algoritmo, que permite llevar a las redes el odio muchas veces sin firma”. “Cada día tenemos que ver cómo se les trata con normalidad y cómo ciertos partidos les defiende diciendo que les ampara la libertad de expresión.
Es un tipo de acoso que no vimos venir”, denunció José Carmona, periodista de Público y moderador del acto. Intervino en primer lugar Montse Mínguez, diputada y portavoz del PSOE, que anunció que su partido iba a impulsar una proposición no de ley “para apoyar el derecho a la libertad de información y de opinión y el desarrollo de un trabajo profesional periodístico libre y sin censura”.
Hoy esa proposición no de ley está aprobada, se trabaja en una iniciativa legislativa para combatir el acoso a periodistas y comunicadores. La portavoz socialista se preguntó “por qué los tecno-oligarcas se llevan las manos a la cabeza cuando se quiere proteger a los menores de las redes sociales y qué tipo de negocio es el que quieren hacer con esos menores y con sus datos” para terminar reconociendo: “Se pueden poner vallas al campo y en eso es en lo que estamos”. Jesús Maraña, director editorial de InfoLibre, señaló que “cualquier actuación lleva implícita una regulación” y que “cuando se habla de regular salen los guerreros de la libertad de expresión”.
Y se preguntaba: “¿Qué tiene que ver esta regulación con la libertad de expresión si quienes están atacando el derecho a una información veraz son ellos?”. El director de la Fundación Contexto y Acción, Miguel Mora, de salida espetó: “Vivimos en un ecosistema mediático putrefacto y nuestra peor competencia es la que hacen los gobiernos del PP financiando a pseudomedios, que no hacen periodismo serio. Y que solo por tener audiencias millonarias gracias a publicar recetas o poner enlaces a páginas porno reciben subvenciones de gobiernos básicamente del PP”. Fernando Moraño, cómico y guionista del programa Hora Veintipico, que dejó de emitirse por las amenazas que recibieron, arrancó diciendo que “los violentos, además de violentos, suelen ser insistentes”. “Los nazis fueron transversales. Acosaron a Héctor, a José Cabrera, a Marina Lobo y a mí. Es más, José sufrió también violencia por parte de la policía cuando fue a denunciar a sus acosadores”.
Moraño remató diciendo que “la violencia de la extrema derecha está financiada por los principales partidos políticos de este país y por clubes de fútbol”. Después intervino José Rubio, creador de contenido en Código Nuevo, para recordar que “el fango no se produce solo, sino que alguien lo fabrica, alguien lo distribuye y alguien saca beneficio”. Como casi todo en el capitalismo pero con más odio y peor ortografía, añado yo.
“La máquina del fango está organizada para sacar rédito del odio e impulsar al poder a aquellos que los financian. Pero hay una diferencia entre ellos y nosotras. Ellos compiten por las visitas, ellos compiten por la financiación, y nosotras estamos juntas contra la desinformación. Y no vamos a permitir que todo se enfangue”, concluyó. María González, historiadora y profesora, aportó un matiz importante, que siempre viene bien cuando el debate público parece organizado por gente que distingue entre bueno y malo con la delicadeza de un martillo neumático: “Las redes pueden ser una mierda, pero también dignifican y democratizan muchos testimonios, porque no todo el mundo ha podido tener la oportunidad de dar información. Por eso las redes sociales son buenas también”. Darío Adanti, ilustrador y coeditor de la revista Mongolia, dejó claro que detrás de estas campañas de odio y acoso hay dinero, tecnología, plataformas, mercenarios y una legitimación progresiva del fanatismo.
“Existe una secta neorreaccionaria en Silicon Valley que no va a permitir que Occidente no se arrodille ante ellos, a la que todos los valores de la democracia liberal no les son rentables y que financia a mercenarios que atacan el pensamiento La diputada Montse Mínguez, los periodistas Jesús Maraña de Infolibre y Miguel Mora de Ctxt y Acción Contra el Odio y el mongol Darío Adanti. La periodista y creadora de contenido Elena Reinés, el creador de contenidos René Soto y la analista política Sarah Santaolalla. Fernando Moraño y José Rubio. La historiadora y profesora María González.

El periodista y moderador del evento José Carmona. Héctor de Miguel, Quequé, que intervino telemáticamente. progresista. Y esto hay que pararlo desde las instituciones y con leyes que limiten el acceso a redes y a Internet a los menores”, clamó. La analista política Sarah Santaolalla, que esa misma tarde tuvo que abandonar un programa de Cuatro por el acoso de José Antonio Naranjo, dijo que en ciertos platós se protege más la armonía que la verdad. “Yo —dijo— he guardado mucho respeto siempre por mis compañeros, incluso por aquellos a los que tengo poco respeto moral, pero sí he tenido el respeto de la mesa, que a veces desde las teles o desde este gremio hacemos, y que creo que es un error, porque no hay que proteger a la mala gente”. La periodista y creadora de contenido Elena Reinés intervino para recordar que el odio no es cosa de Internet: “Tenemos una idea de lo que es el odio en las redes como si fueran cosas de redes y hay que cambiar la percepción de lo que son las redes a un espacio público.
Es la misma violencia que si alguien por la calle te dice que te va a partir la cara”. Y remató como se rematan estas cuestiones: “Si quieren que te calles, hablar es una forma de legítima defensa. Y si rabian, pues que sigan rabiando”. El creador de contenido René Soto aportó otro punto de vista: “La violencia que reciben los hombres que creamos contenido en redes sociales es distinta y, además, nos han enseñado que tenemos que aguantar, pero no quiero aguantar, porque a veces tienes la sensación de que es una guerra de ti contra todos ellos”. René hizo hincapié en la idea de lo que llaman, sin serlo, “batalla cultural”. Una batalla que no empezó en el bando progresista.
“No sé cómo la llaman batalla cultural, como si fueran dos modelos culturales de sociedad. Es la batalla de los que defendemos los derechos humanos contra los que no los defienden. La batalla de los que defendemos la libertad contra los que no la defienden. Y el problema es que ellos tienen dinero, tienen recursos y tienen partidos políticos que les inflan”. Y, a grandes rasgos, esto fue lo que se dijo en un acto sobre la libertad de expresión donde lo menos gracioso fue el relato de todo lo que está sucediendo y que obliga a defenderla. Algo que al cómico Fernando Moraño “no le hace ni puta gracia”.
“Señor tecno-oligarca: o explica usted cómo funciona este algoritmo y respeta la pluralidad y el juego democrático o se le suspende la actividad como sucedió en Brasil o en Australia” JESÚS MARAÑA Director editorial de InfoLibre
“¿Cómo es posible que se normalice que ciertos políticos, ciertas políticas y ciertos partidos amenacen a periodistas para hacerlos callar? Cada vez que se apaga una voz progresista, perdemos todos y todas las demócratas”. SARAH SANTAOLALLA Analista política
“¿Por qué la Fiscalía –cuándo serás mía– no actúa de oficio y hay que esperar a que el agredido o agredida denuncie? ¿Se está tomando el Gobierno tan en serio este nuevo terrorismo como se tomó el terrorismo de ETA?”. QUEQUÉ Cómico
* Guionista felizmente jubilado.








