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La lucha contra el descontrol horario en las infusiones

No fueron muy precisos en la tienda. Antes de la ebullición y entre cinco y diez minutos de reposo, me dijeron. Puede parecer poco, pero hay una diferencia de 300 segundos. Largo si los cuentas.
Cuando llegué a casa le pregunté a Jaime, el conserje. En su estilo no compromisesentenció, todo depende de lo fuerte que quiera la infusión. Molesto, cogí el ascensor antes de que se pusiera a hablar del tiempo.
Llamé a mi madre, referencia universal para mis cuitas existenciales. Comunicaba, así que tuve que esperar un buen rato. Hijo, yo lo hago a ojo. Mal asunto. Carecía de una tabla de conversión de ojos a minutos y segundos. Empecé a desesperarme.
Según colgaba el teléfono me acordé de Ronald Fisher y su libro El Diseño de Experimentos, que estudié en la carrera. Incluía la anécdota de su secretaria inglesa que decía distinguir si se había puesto primero el té y después la leche o viceversa. En mi caso, agua sobre las hierbas o espolvorear las hierbas sobre el agua a punto de hervir. Decidí no complicarme más la vida. Agua sobre hierba y punto.
Preparé 10 tazas en fila, una de ellas mellada. Les impuse una rigurosa serie aritmética de reposos con incrementos de unidad, uno, dos, tres… hasta diez minutos en total. Al fin podría contar con datos empíricos para tomar decisiones basadas en mi experiencia.
Son las cuatro de la madrugada. No me deja dormir. Cuando el sueño me empieza a vencer, siento una urgente necesidad de ir al baño. ¿Qué me importa la medida temporal que da la mejor infusión? O que Fisher despidiera a su secretaria. Pero no debí hacer el experimento con unas hierbas diuréticas.
Antoine M. Huelin
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