Cuando la sección número 2 de la Audiencia de Barcelona recibió, en 2023, un recurso de la asociación ultracatólica Hazte Oír contra la inadmisión a trámite de la querella que había presentado contra la revista satírica Mongolia por “ofensas a los sentimientos religiosos”, la sala esgrimió copiosa jurisprudencia para obligar al juzgado de Mataró a admitirla a trámite y examinar en las diligencias si los promotores de la revista tenían voluntad o no de herir los sentimientos de los cristianos con la portada del belén navideño.
En cambio, cuando la misma sala, con exactamente los mismos integrantes, recibió en 2025 un recurso de Mongolia contra la inadmisión a trámite de la querella que había presentado, también en el juzgado de Mataró, contra la asociación ultracatólica Abogados Cristianos por denuncia falsa, esa jurisprudencia ya no se esgrimió. Todo lo contrario: en esta ocasión, los magistrados dieron por hecho que la entidad ultracatólica no tenía por qué saber que las disparatadas insinuaciones públicas que había lanzado contra Mongolia en forma de querella —que vive de subvenciones públicas y que se financia con el blanqueo de capitales del narcotráfico— eran en realidad bulos y falsedades fácilmente comprobables.
Pese a la gravedad de las acusaciones, la sala de la Audiencia de Barcelona no ha considerado necesario ni siquiera incoar diligencias ni preguntar nada a los que difundieron semejantes calumnias: ha ratificado el archivo de la querella de Mongolia con el argumento de que Abogados Cristianos no tenía por qué saber que sus acusaciones eran falsas y caso cerrado. Sin necesidad ni siquiera de abrirlo.
¿Igual para todos?
Pero recuerden: como dijo el rey emérito, Juan Carlos I, en su mensaje navideño de 2011, en plena instrucción del caso Nóos y antes de saberse que él mismo tenía una millonada en el extranjero no declarada a Hacienda: “La justicia es igual para todos”. Ya sea la Corona, las entidades ultracatólicas, Mongolia y hasta el fiscal general del Estado.
Dos hurras para el emérito: ¡logró leer el texto sin reírse!
Las querellas de las entidades ultracatólicas por “ofensas a los sentimientos religiosos” —es decir: blasfemia— son habituales contra humoristas y disidentes y los juzgados suelen aceptarlas a trámite, a pesar de que la Fiscalía lo desaconseja y de que casi siempre acaban en archivo. Ello supone importantes perjuicios para los imputados, puesto que los procedimientos habitualmente se prolongan durante meses o incluso años —esta última ronda contra Mongolia por el belén supera ya los tres años y aún queda un recurso por resolver— y acarrean gastos en procuradores y abogados, con lo que los defensores de la libertad de expresión advierten de que en realidad el objetivo de las querellas es amedrentar y fomentar la autocensura.
En cambio, estas mismas entidades tienen licencia, a la vista del reciente auto de la Audiencia Provincial amparando los bulos de Abogados Cristianos contra Mongolia, para lanzar acusaciones gravísimas con total impunidad. Incluso insinuar que la financiación de una revista independiente es fruto de las subvenciones públicas y del blanqueo de capitales del narco, sin que ni siquiera tengan que ser llamados a declarar en el juzgado pese a ser público y notorio que se trata de falsedades.
Ambas acusaciones fueron incluidas en la querella que Abogados Cristianos presentó contra Mongolia en diciembre de 2022 a raíz también de la portada con el belén navideño y difundidas a bombo y platillo no solo en los canales de la entidad ultra sino en numerosos medios afines, como The Objective y El Debate, entre muchos otros, que acrecentaron los bulos con grandes despliegues, lo que supone un daño reputacional para esta revista, que se financia básicamente con aportaciones de su comunidad, lo que garantiza su independencia frente a los poderes político y económico, y en el que las subvenciones públicas tienen un peso ínfimo, por debajo del 3% de los ingresos. Además, el detalle de las cuentas anuales se publica cada año en la propia revista con total transparencia.
Sito Miñanco, ¿mongol?
Por lo que respecta a la gravísima acusación de ser un instrumento para el blanqueo de capitales, la querella de Abogados Cristianos se basaba únicamente en el hecho de que uno de los socios minoritarios del proyecto en su inicio, el abogado Gonzalo Boye, estaba siendo investigado por un supuesto intento de blanqueo de capitales de Sito Miñanco. A pesar de que es público y notorio que Boye no tiene ninguna relación con Mongolia desde 2017, Abogados Cristianos exigía en su querella que la revista satírica fuera intervenida e investigada en la causa de Sito Miñanco, lo que supone, según argumentó el letrado de Mongolia, José Luis Mazón, “una denuncia falsa de libro”.
El artículo 456 del Código Penal define el delito de denuncia falsa como la imputación de un delito ante funcionario judicial o administrativo sabiendo que es falsa o con temerario desprecio a la verdad.
El auto de la Audiencia de Barcelona, ratificando el archivo sin necesidad siquiera de admitir a trámite la querella, causó perplejidad en el letrado de Mongolia, que tiene una trayectoria de más de tres décadas de ejercicio y que ha actuado en algunas causas muy relevantes, tanto en España como en instancias internacionales. Ante lo inusual del auto, tomó una iniciativa también inusual: envió un escrito a la Audiencia Nacional de acuse de recibo en el que subrayaba su perplejidad y se reservaba el derecho de “demandar cuentas por el uso injusto del poder judicial” echando mano de la ironía:
“Tras el análisis del auto, queda al menos una cuestión positiva de lege ferenda: la Audiencia Provincial de Barcelona reconoce la vigente licencia para presentar querellas con la generosidad ya conocida en otras entidades, como los ‘abogados cristianos’; efectivamente, ‘ancha es Castilla’, puedes acusar a los enemigos de la cristiandad de blanqueo de capitales sin fundamento que se presume el fundamento si son cristianos los acusadores”.
Y añadió:
“Como en tiempos del poder feudal reciente, se despide este servidor de la justicia de los oprimidos. Dios guarde a V.I. muchos años”.
Amén.
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