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"El 23-F fue el mito fundacional para legitimar al rey"

Carlos Estévez, histórico periodista con más de cuatro décadas en primera línea, hoy jubilado, fue corresponsal diplomático de TVE y vivió el golpe de Estado del 23-F desde los estudios de Prado del Rey, uno de los escenarios clave, tanto de la esperpéntica jornada como del relato posterior que ha pretendido colocar al rey Juan Carlos I como "salvador de la democracia". Estévez acaba de publicar el libro Cuando la verdad te alcance, en el que analiza el papel del rey en el 23-F con una mirada amplia sobre el conjunto de la Transición, y fue entrevistado por el coordinador del Reality News, en el último Mongolia Show del Teatro del Barrio. Lo que sigue es una versión editada de la entrevista.
Acaban de desclasificarse documentos del 23-F y los "medios de referencia" los han recibido como una prueba definitiva a favor de Juan Carlos I, al que parece que le debemos la democracia y hasta la vida. ¿Qué opina de esa lectura?
Es una burla. Parte de los documentos eran sobradamente conocidos, sobre todo las cintas de Tejero con su mujer. Otros están cambiados de sitio, son confusos. Pero lo más grave es lo que falta: cualquier investigador maneja más materiales que los que el Gobierno ha decidido hacer públicos. La desclasificación ha puesto a prueba a la prensa española y hemos sacado un suspenso. Dar portadas diciendo que el rey quedaba fuera de toda duda porque hay un papel escrito a mano que dice que se iba contra él… Ese papel es cierto, es conocido, pero ni siquiera pertenece al 23-F, sino a un intento de golpe posterior, en octubre. ¡Qué disparate!
¿Por qué hay tan pocos documentos?
Porque se destruyó prácticamente todo. Lo destruyeron el CESID [el servicio de inteligencia de la época, antecesor del CNI] y el Ministerio del Interior antes de que llegara el PSOE al Gobierno. En la primera etapa del PSOE, en el primer año y medio, el Gobierno formó una brigada antigolpe y puso al frente a un comisario, digamos progresista, entre comillas, que se pasó seis meses clasificando lo que le habían dejado, muy desordenado, y vio que faltaban 5.000 cintas y transcripciones. Lo puso en conocimiento del secretario de Estado [Rafael Vera] y aquello se tapó. Él mismo nos habló de 1.624 documentos de los que tenía constancia y que habían quemado en el colegio de huérfanos de la Policía Militar.
¿Y por qué esa destrucción sistemática?
Porque la Transición se nutre de la destrucción de la memoria histórica. Cuando llega Adolfo Suárez al poder, lo primero que hace es ordenar al ministro del Interior que destruya los documentos del franquismo: cerca de 17 millones de papeles y fichas sobre gente. Se destruyó todo. Los españoles, o alguien que pensó por nosotros, necesitábamos una especie de mito fundacional. Eso ocurre cuando los jefes de Estado no han pasado por un referéndum y, por tanto, carecen de legitimación. El 23-F cumplió esa función de mito fundacional: darle al rey Juan Carlos la legitimidad que no tenía por la vía popular ni por la vía dinástica.
Usted estaba en Prado del Rey, sede de TVE, aquella noche. Uno de los documentos desclasificados afirma que los militares entraron con órdenes de disparar a matar, lo cual disculparía el retraso del rey en grabar su mensaje a la ciudadanía. ¿Es verdad?
Es un sinsentido. Este documento ni debería haber sido clasificado ni considerado secreto, por disparatado. Es una trampa. El soldado que lo firma dice que su unidad llegó a las diez y media de la noche y que eran mil efectivos. En realidad, entraron a las ocho, estuvieron poco más de una hora y eran solo 35, no mil. Nada de lo que dice es cierto. No llevaban órdenes de matar. Es todo un cúmulo de grandes barbaridades.
¿Qué pasó realmente cuando llegaron los militares?
Llegó una unidad del regimiento acorazado Villaviciosa XIV desde Pozuelo, muy cerca de Prado del Rey, porque su coronel desobedeció las órdenes de la Capitanía General de Madrid. Antes de que llegaran ya sabíamos que venían y se dio orden a la Guardia Civil de dejarlos pasar sin enfrentamientos. Eran 35 soldados en unas instalaciones con siete puertas de entrada y salida, miles de metros cuadrados y unas 2.000 personas trabajando. Era imposible acordonar aquello. Su misión era controlar la emisión: que continuara la programación pero sin información, y tener el canal listo por si los golpistas o el propio rey querían dirigirse a la nación. Pero con ese dispositivo era ridículo pensar que podían acordonar o controlar nada.
Pues los documentos desclasificados sugieren que el rey no pudo grabar su discurso antes porque TVE estaba ocupada. ¿Tiene algún sentido?
Evidentemente, no. A las ocho y media llamaron desde la Zarzuela al director general de TVE, Fernando Castedo, quien, delante del propio capitán que mandaba las fuerzas, pasó un recado para que salieran dos equipos urgentemente a grabar el mensaje. Salieron en 12 o 15 minutos. La distancia entre Prado del Rey y la Zarzuela es de menos de 10 kilómetros, con lo que a las nueve y cuarto esos equipos ya estaban allí. Nosotros, de hecho, a las nueve de la noche ya entrevistábamos gente en la calle: salíamos y entrábamos de Prado del Rey a pesar de los militares.
Entonces, ¿por qué tardó el rey cuatro horas en aparecer?
Porque en esa media hora, entre la llamada de la Zarzuela a RTVE y la llegada de los equipos a palacio, ocurrió algo muy importante. Ante la negativa de Tejero a recibir órdenes, y el peligro de que aquella acción pudiera derivar en algo incontrolable, se resucita la Operación Armada. Si no se grabó el mensaje no fue porque el rey estuviera hablando con los capitanes generales, puesto que estas conversaciones habían finalizado antes de las diez de la noche, ni porque RTVE estuviera ocupada por los militares. Los equipos de TVE tuvieron que esperar cuatro largas horas en el Palacio de la Zarzuela hasta que el rey se decidió a grabar el mensaje, que coincide con el momento en el que fracasa la Operación Armada, al no permitirle Tejero entrar en el hemiciclo para ofrecer a los diputados la formación de un Gobierno con participación de los principales partidos políticos, presidido por un general, que no era otro que el propio Armada.
¿Cuál era esa operación?
Utilizar a Tejero de señuelo: sacar al león de la jaula, provocar el terror, hasta la llegada de Armada al Congreso (la autoridad militar anunciada). Él sería el encargado de "resolver" la situación devolviendo la fiera a su jaula y ofreciéndose como salvador. Lo que se pretendía era recortar la democracia, frenar las reivindicaciones de la izquierda en materia autonómica y de política exterior, lo que nos llevó a la OTAN y a todo lo que vino después. Pero fue el propio Tejero quien abortó la operación. Él mismo lo reconoció antes de morir en una entrevista: "Yo fui el que le jodí la Operación Armada al rey Juan Carlos". Y en esa operación no solo participaba la Zarzuela; esa reconducción política que se buscaba era impensable sin el apoyo de Manuel Fraga, de Felipe González y de los principales líderes políticos. Eso es lo que los papeles desclasificados no cuentan.
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