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Si Mafalda creciera, sería un personaje de Maitena

El Premio Iberoamericano de Humor Gráfico ‘Quevedos’, otorgado por el Instituto Quevedo de las Artes del Humor, se ha otorgado este año, por primera vez, a una mujer: ni más ni menos que a Maitena, la autora argentina más internacional junto a Quino y cuyos personajes femeninos y las situaciones a las que se enfrentan, con humor mordaz y humano al mismo tiempo, son hoy tan parte de la cultura popular hispanohablante como la misma Mafalda.
El Instituto, que los que nos dedicamos a esto le llamamos simplemente el IQH, depende de la Universidad de Alcalá y es un centro de estudio, difusión e investigación del humor en todas sus facetas, que pone en valor el trabajo humorístico dentro del ámbito académico universitario y social tanto dentro como fuera de nuestras fronteras. En su tiempo dirigido por Forges, hoy cuenta con González Sinde, J.L. Martín, Natalia Meléndez Malavé y Juan García Cerrada como directores, con Peridis como embajador, y con Nieves Conscostrina, Junco, Raquel Martos y Raquel Gu y un servidor, entre otros, como parte de su Consejo de Dirección.
El Premio Iberoamericano de Humor Gráfico ‘Quevedos’ (así en plural) premia a un autor iberoamericano cuya obra humorística sea especialmente trascendente en términos artísticos, culturales y sociales. Dicho premio, al igual que el IQH, fue instituido por la Fundación General de la Universidad de Alcalá en el año 1992 y desde entonces se le ha concedido solo a diez autores: Mingote, Quino, Chumy Chúmez, El Roto, Ferro, Ziraldo, Máximo, Forges, Hervi y, este año, a Maitena.
El humor no ha podido escapar de la cultura patriarcal en la que vivimos, y hasta la irrupción de Maitena en las revistas y periódicos de hispanoamérica y España no había casi mujeres publicando humor, y las historietistas se contaban con los dedos de una mano. Maitena fue de las firmas que empezaron en aquella prensa argentina que se abría paso a la democracia tras la caída de la dictadura, en 1983. Ella empezó a deslumbrar ya en aquellas revistas, que años después serían, también, el camino profesional que recorrerían otros humoristas argentinos como yo: la Revista Humor, Sex Humor, Fierro y Cerdos y Peces. Incluso publicó en la revista El Lápiz Japonés, que editaban entonces los mongoles Rapa Carballo y Langer en la Argentina de la década de 1990.
En el temprano año de 1993, Maitena empieza su serie Mujeres alteradas en el suplemento feminista Las12 del diario Página12. Por primera vez en el humor gráfico no se hablaba de las mujeres desde un punto de vista machista, misógino y patriarcal, sino que una autora, a través de personajes femeninos, daba voz a las mujeres, a sus dilemas y a sus contradicciones. La mujer ya no era un secundario útil como recurso cómico —la suegra, la bruja, la patrona, o la secretaria o vecina como objeto sexual—, ahora era protagonista y sujeto de derecho y de igualdad y, por tanto, de una comicidad distinta, devuelta a su condición humana, donde el humor costumbrista era, per se, político.
Algo inédito que caló en todas las nuevas generaciones de lectoras que serían, después, parte de esa nueva ola feminista que pondría patas arriba nuestras democracias y en la que Maitena, lejos de quedarse sólo como una figura destacada en lo suyo, se involucró y participó, reflejándolo, también, en su obra.
Y desde entonces Maitena ha sido guía y referente de varias generaciones de humoristas gráficos como Raquel Gu, Flavia Banana, Liniers, Mamen Moreu o un servidor. Y su influencia ha ido mucho más allá de lo gráfico, siendo de gran influencia en cómicas tan geniales como las argentinas Malena Pichot y Charo López o escritoras españolas como Alba Carballal, entre muchas otras.
Maitena ha hecho de su humor gráfico una tribuna política y social donde las demás se ven reflejadas y, a su vez, el reflejo de las demás vuelve y se plasma en sus páginas.
Cuando me pregunto qué sería de Mafalda de haber dejado la infancia, me respondo: Mafalda de mayor sería un personaje de Maitena.
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