JAVIER GALLEGO “CRUDO” ESCRIBE SOBRE MONGOLIA NÚMERO 5

Javier Gallego “Crudo”, creador del programa radiofónico “Carne cruda”, nos presentó en la Librería Molar de Madrid con este textazo que, de alguna forma, coge el testigo de este otro que escribió Antonio Rico para nuestra visita a la Semana Negra de Gijón.

MONGOLIA Nº5 (POR JAVIER GALLEGO “CRUDO”)

Es como el Chanel nº5 pero más barato.

Buenas noches, bienvenidos, hijos de pueblo mongol, os saludan los aliados de la noche. Bienvenidos a este evento, gracias por estar aquí, vuestro impulso nos hará seres eléctricos. Y después de citar al poeta del rock, Miguelito Ríos, procedemos a la presentación de la revista con más caudal de chistes por centímetro de página. De hecho, hay chistes de esta revista que están tan apretados y son tan pequeños que parecen los presupuestos generales del Estado para Educación y Sanidad.

En fin. Damas y caballeros, mongoles y mongolas todos, me llena de orgullo y satisfacción presentar un nuevo número de la Revista Mongolia, concretamente el número 5…

En efecto, es ese número que rima con los recortes del gobierno y las preferentes bancarias.

Por cierto, y aunque no tiene nada que ver, es curioso que cuando se dice Chanel número 5 nadie piensa en lo que estáis pensando ahora. Pero en cualquier otra situación, el número 5 rima con eso que están pensando vuestras pútridas mentes corrompidas. Y las del Gobierno de la Nación, que lleva a la práctica esta simpática frase día sí y día también con todos y cada uno de los ciudadanos de este país. Bueno, con todos no: con los que tienen dinero para comprar Chanel número 5, no. Pero ése no es vuestro caso. Vosotros como mucho podéis comprar el número cinco de la revista Mongolia… Entre varios. No os aflijáis. Mongolia nº5 es como Chanel nº 5. Con ambos puedes dormir desnudo, como hacía Marilyn Monroe con el famoso perfume. Y Mongolia nº 5 te deja un tufo a actualidad que tira para atrás y a un precio mucho más asequible. Tres euros. Casi un sueldo mínimo. Un precio que no es una clavada porque no rima con cinco.

Como os decía, Mongolia ha llegado a su quinto número en los quioscos. Creo que es la única buena noticia que he dado en los últimos tres años. Y además es una noticia inesperada incluso para los propios mongoles porque esta revista nació con el firme propósito de que les secuestraran la publicación cuanto antes para hacerse famosos y pedir trabajo en una revista más seria. No lo han conseguido. Ni siquiera lo consiguieron con la portada del segundo número: “El Rey puede violarte”. Desesperados ante su lamentable incapacidad para cerrar su propio medio, han llamado a un especialista.

Y por eso estoy yo aquí porque saben que todo lo que yo hago, lo cierran.

Hace semana y media me cerraron el programa en Radio 3 y mi página de facebook. Esta semana tengo la sana intención de batir mi récord colaborando con esta presentación al cierre de Mongolia. Mis amigos me conocen como el Chuck Norris de los medios: todo lo que toco se destruye. Si alguien más quiere que le cierren algo, una programa, una empresa, una cañería, una puerta que no encaja, una hipoteca, que me llame al teléfono que aparece en pantalla.

Pero no hablemos más de mí. Hablemos de Mongolia. De la revista. Y del país porque una cosa y la otra están muy relacionadas. Quizá algún despistado necesite aún explicación de por qué esta revista española se llama Mongolia y no Uganda. Pues porque España no es Uganda, como dijo nuestro insigne presidente en un sms al ministro de Economía. No, España no es Uganda, aunque se le parece: aquí también estamos todos negros. Pero España sí es Mongolia. De hecho, después de mandarnos a buscar curro en Laponia, el próximo destino al que nos quieren enviar nuestros empresarios es Mongolia porque Mongolia es como España. De hecho las condiciones de trabajo son muy parecidas: en ambos países se trabaja como chinos y aquí el despido es más barato que un Todo a 100. Pero hay más similitudes. Antonio Rico en la presentación de un número anterior de la revista ya apuntó un par de coincidencias entre ambos países y a mí me gustaría añadir trece más. Ni doce ni once. Trece, para molestar. Veámoslas.

1. Los mongoles y los españoles tenemos los ojos rasgados. En el caso de los mongoles, los ojos de la cara.

2. El pueblo mongol practica el canto bifónico. El español se está quedando afónico.

3. Ese canto mongol es capaz de producir dos notas al mismo tiempo. El gobierno español es capaz de subir impuestos y bajar sueldos también al mismo tiempo.

4. El mongol es un pueblo nómada. El español tiene ganas de salir por patas.

5. Los mongoles tenían a Genghis Kan que se llevaba todo lo que se le ponía por delante. Los españoles tenemos a Francisco Camps que se lleva todo lo que se le pone por delante y por detrás. Especialmente si son trajes.

6. La capital de Mongolia es Ulán Bator. El capital de España lo tiene Urdan Garín.

7. Mongolia es un país de bellísimas estepas. España tiene Alcorcón. Y proximamente, Eurovegas.

8. Mongolia está a tomar por culo que es precisamente adonde nos quiere mandar el gobierno.

9. Mongolia está a tomar por culo que es precisamente hasta donde llega la cola del paro de España.

10. En Mongolia creen en Buda. En España, en Bankia.

11. Los Mongoles tienen esperanza en el más allá. Nosotros, desgraciadamente, tenemos a Esperanza en el más acá.

12. En Mongolia nadie sabe qué es la prima de riesgo. En España, tampoco.

Y 13. En Mongolia existen los trabajos forzados para delincuentes. Y en España, para los becarios, para los doctorados, los licenciados, para los que tienen dos carreras y ahora también, para los parados.

La única diferencia que he encontrado entre España y Mongolia es que la televisión pública mongola no emite toros. Aunque en ambas teles hay mucho mongol suelto, eso sí.

Como veis, lo raro no es que esta revista se llame Mongolia. Lo raro es que este país nuestro no se llame también Mongolia. Y los primeros visionarios que se han dado cuenta de ello son estos sujetos que hacen que todos parezcamos mongoles al leerles y que han descubierto que esta realidad sólo es soportable si la miras con los ojos rasgados por la risa.

Hoy presentan un nuevo número de su publicación con una atractiva portada: “Gallardón abortó”. Como sigan por este camino pronto van a conseguir que el ministro de justicia complete la frase: “Gallardón abortó Mongolia”. No es el único al que le alegrará la salida de este número. De hecho quería leeros brevemente los comunicados de prensa que me han enviado desde las más altas instancias felicitando a los mongoles.

Moncloa nos envía un escueto y afectuoso: “Hijos de puta”.

Génova es aún más directo y cariñoso y nos dedica un cálido: “Cabronazos”.

Bankia nos pregunta si tenemos por ahí un par de millones de euros para prestarles.

Y la Casa Real nos envía una foto de Iñaki Urdangarín con la portada “El rey podría violarte”, a la que han añadido la frase “Y su yerno podría robarte”.

Yo no os robo más tiempo. Os leería el comunicado del Partido Socialista pero, según fuentes bien informadas, ha abandonado el país. Yo abandono ya esta tribuna. Para terminar había pensado haceros una demostración del canto bifónico mongol, disciplina en la que soy uno de los especialistas de nuestro país, pero por no provocar la excitación sexual de todos los presentes en un lugar público y a horas tan tempranas, creo que es preferible dar la bienvenida al ejército de mongoles que perpetran esta revista.

Os dejo con ellos. Podría haber sido mucho peor: os podría haber dejado con Luis de Guindos en un cuarto oscuro. Así que lo menos que podéis hacer es agradecérmelo.

Se aceptan donativos que estoy en paro.

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